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Agosto, Mes de la Solidaridad: oportunidad para el reencuentro.

Escrito por Fundacion Alberto Hurtado

(Santiago 18 de agosto de 2022).

Escrito por Arturo Vigneaux sj, Rector del Santuario Padre Hurtado.

¿Qué haría Cristo en mi lugar?, se preguntaba el P. Hurtado…Y él, un hombre santo que supo mirar su mundo con ojos maternales, ¿qué haría en esta sociedad fragmentada del siglo XXI?, ¿cuáles serían sus preocupaciones, sus desvelos?

Tal vez ya no le preocuparía tanto si Chile es o no un país católico; si hay coherencia o no entre lo que decimos y lo que vivimos, sino, más bien, creo yo, le desvelaría el inmenso grado de intolerancia, desesperanza, desafección y desconfianza que acampan en un país materialmente mucho menos pobre que aquel donde a él le tocó vivir.

¿En qué personas y situaciones vería hoy a Cristo?, ¿quiénes serían sus patroncitos en este Chile actual? Pienso que en su mirada preclara y misericordiosa seguirían estando los pobres, los niños, los trabajadores, ahora, tal vez, mucho mejor vestidos y con mejor educación, pero no por ello menos impotentes e invisibles a los ojos encandilados con las luces del éxito y del individualismo.

El P. Hurtado seguiría yendo más lejos que sus contemporáneos: continuaría traspasando fronteras y no podría dormir tranquilo frente a las heridas del Cristo con rostro femenino, inmigrante, indígena, lgbt, agnóstico, beligerante, desencantado…

Me lo imagino estudiando y escribiendo libros intentando responder a tanta desazón y beligerancia; buscando las causas, pero sobre todo mirando a los ojos, escuchando a cada uno, a cada una, con un amor y respeto fraternal, encontrando ahí, sólo ahí, las respuestas que Dios mismo, en su pueblo, le revela.

En este mes de agosto sintámonos invitados, con san Alberto, a vivir un verdadero Mes de la Solidaridad, sin reducirlo a simples acciones de caridad material, sin que se transforme sólo en un cándido deseo pasajero por conseguir un modo más equitativo de repartir los bienes.

Intentemos más bien, como él, apasionarnos por el ser humano, ser solidarios de verdad: reconocernos hermanos; alegrarnos con las alegrías del otro; escuchar al diferente con el amor y emoción que una madre tiene con una hija que crece y comienza a pensar por sí misma; acoger al caído con la pasión y compasión con que se atiende al hijo drogadicto, al abuelo perdido, al hermano con capacidades diferentes; ponerse en los zapatos del discriminado como si fuera uno mismo…En definitiva, intentemos reconocernos familia, con un destino común que requiere de cada uno, de cada una, para llegar a concretarse.

Atrevámonos a bajar las barreras de la desconfianza y del desconocimiento, a dar pasos concretos de encuentro y comunión en lo familiar, en el barrio, en las instituciones políticas, sociales, religiosas y laborales en que nos movemos…

Arturo Vigneaux sj, Rector del Santuario Padre Hurtado

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