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El Padre Hurtado nos interpela

Escrito por Fundacion Alberto Hurtado

Qué distinto es ir a un museo a ver, que a vivir. Y es que eso diferencia al Museo del Padre Hurtado de cualquier otro. Siendo casa de la vida diaria de un hombre que se hizo Santo ¡Sí! Alberto Hurtado luchó, trabajó y creyó en las personas, su memorial nos obliga a preguntarnos, a ser partícipes y no meros espectadores: y ¡tú! ¿Logras tu propósito final? Ad maiorem Dei gloriam (para la mayor gloria de Dios). Nos dice Alberto en cada visita.

El Museo del Padre Hurtado es un encuentro, nos llama a meditar, orar en el silencio que a veces es interrumpido por un grito o por el canto de un bebe que nos trae de regreso a la realidad. Ven, se parte de este viaje, que comienza con la famosa camioneta verde.

Al pasar la puerta te acoge un aire fresco en el verano y tibio en invierno. Eso ya te produce una sensación de  tranquilidad, una brisa que cambia tu sentir, una paz que, de vez en cuando, es entorpecida por nuestras voces. Paz que te invita a seguir y descubrir las diferentes dimensiones en la vida de Alberto Hurtado Cruchaga.

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Este es un museo especial, diferente, que mezcla lo religioso y humano de nuestro Santo, donde su estructura arquitectónica te sorprende, te acaricia y te acoge. Experimentar este recorrido, no solo te presentará a nuestro Santo, sino que te permitirá mirar tu propia vida a la luz de su ejemplo y legado. Quizá, sin pretenderlo, te encontrarás a ratos dialogando con el Padre Hurtado como con un amigo.

Y es que en este espacio ronda un sentimiento de amor, misericordia, solidaridad y ganas de actuar. Es como si Alberto nos hablara al oído y nos llamara a quemar las naves por la fe y la justicia dejándonos la puerta abierta a su invitación: una decisión de ser humano: un ser humano compasivo, luchador, activo y cariñoso y, a su vez, tierno en el servir.

A eso nos invita el Padre Hurtado en su Santuario y Museo. Nos interpela a construir juntos el futuro de Chile, para la mayor gloria de Dios y del pueblo. Es ambiciosa la expectativa pero, como decía el Santo: “HAY QUE SOÑAR EN GRANDE”.

Alfredo Vega Cartajena

Encargado Museo del Padre Hurtado

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