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El Padre Hurtado y Juan Ochagavía S.J: Parientes y compañeros de travesía

Escrito por Fundacion Alberto Hurtado

Juan Ochagavía, sacerdote jesuita de 90 años de edad, acaba de publicar sus memorias: “Pasajero en tránsito”, en las que el Padre Hurtado atraviesa varios capítulos. El padre Ochagavía es sobrino en segundo grado del Padre Hurtado. Además, lo tuvo como profesor y director espiritual. Y durante el proceso de canonización de san Alberto, le correspondió escribir el “Votum” sobre los escritos del Padre Hurtado.  “Antes de comenzar mi trabajo pensaba que conocía al P. Hurtado, pero a medida que avanzaba me di cuenta que apenas captaba unos pocos rasgos suyos. Con la lectura pausada y metódica se me fue revelando su grandeza humana, espiritual y apostólica.

Como escribí antes, lo había conocido de niño, de ocho años, en el patio del colegio. Escuché mucho sobre él en los almuerzos de domingo en casa de mi abuela Isabel, hermana del papá de Alberto…

En tercero y cuarto medio (1943 y44) lo tuve como profesor de religión. Sus clases eran muy bien preparadas. Partía del Nuevo Testamento y nos daba una visión rica y atrayente de la figura de Jesucristo. También sobre la Iglesia a partir de San Pablo. Y la doctrina social de la Iglesia. Todo entremezclado con vivencias suyas que le daban realidad a lo que enseñaba. Nos involucró en las cosas que hacía. Como salir en bicicleta a repartir cartas para dar a conocer y pedir fondos para el Hogar de Cristo, que finalmente se inauguró en 1945.

El secreto de la santidad del Padre Hurtado

Después en la Compañía lo admirábamos por sus Ejercicios, sus libros y sus prédicas. Pero como era modesto, tampoco pensábamos que era un estudioso y un pensador profundo. Más bien se decía que leía muchos libros y revistas francesas y que de ahí sacaba sus ideas.

Por esto durante mis lecturas fue para mí una novedad y gran alegría ir descubriendo la humanidad, riqueza, inteligencia, laboriosidad y santidad de este hombre. Su santidad es la resultante de muchos elementos humanos, gracia divina, cooperación suya a ésta y circunstancias históricas muy concretas. En lo humano, su madre y el colegio lo marcaron mucho. Lo mismo, su familia de agricultores, que le dio el realismo de la tierra y el amor a sus trabajadores. El colegio le formó el carácter, haciendo que ese niño algo tímido y sentimental saliera de sí mismo y se interesara por los demás. Es lo que se ve en sus cartas de colegial en vacaciones a su amigo Manuel Larraín.

Su rasgo espiritual que más me impresiona es la total confianza con que se entrega a realizar las cosas grandes a las que siente que el Señor lo llama. Para él es todo tan simple: si el Señor lo está llamando, debe confiar, arremangarse y ponerse a la obra confiado todo en Él. En esta confiada entrega de colaboración con Dios veo que está el secreto de la santidad del Padre Hurtado.

… La Iglesia, al canonizar a Alberto Hurtado, nos lo propone como un ícono de muchos de los valores del Concilio Vaticano II: un hombre que se deja conducir por el Espíritu tanto en sus años laicales como en su vida sacerdotal, una caridad desbordante, un apasionado por acercar la Iglesia a los pobres y en promover reformas estructurales en pro de una sociedad más justa y solidaria, una mente que se “aggiorna” constantemente, un modelo de sentir con la Iglesia.

El Padre Hurtado, más vigente que nunca

En cuanto a su vigencia, el ánimo de la cultura actual no sintoniza con el P. Hurtado. Está en otra. Está volcada a escalar, hacerse una carrera, ganar plata y gastarla en “cosas entretenidas”. Consumir entretenimiento es la regla del país, es lo vigente hoy en Chile. En los último años se dolía de la estrechez de horizontes, superficialidad y egoísmo de la clase alta chilena. Calculo que su dolor lo acompaña hasta hoy al ver cómo la gente consume su vida en cosas fútiles. Pero que estará a la vez lleno de esperanza, porque así como Dios se la pudo con él, también lo hará con los A-B-C1 de hoy. Por este motivo lo veo más vigente que nunca como profeta del cambio radical de vida a que Dios nos está llamando hoy.

Ha predominado la imagen de un sacerdote muy activo, preocupado de los más pobres, pero se ha descuidado su actividad intelectual. Hemos minusvalorado al P. Hurtado como hombre de estudio, intelectual, profeta que se adelantó a su tiempo. Él tiene mucho que decirnos en cuanto a la reforma educacional y laboral. Lo mismo sobre riqueza y pobreza…

Algunos pastoralistas “desde abajo”, critican al Padre Hurtado por no haber vivido inserto en un campamento, en una población, por largo tiempo. Esta crítica desconoce su aporte a abrir la residencia jesuita de Jesús Obrero de la cual fue superior por un año. Además, nunca olvidemos que el sueño pastoral de Alberto Hurtado, aquello a que él deseaba darse de todo corazón, fue la ASICH, el mundo de los trabajadores. Con ellos quería trabajar codo a codo. El Hogar, obra de beneficencia y caridad, surgió de las urgencias que le rompían el corazón. Pero su deseo pastoral más profundo era la dignificación y evangelización del mundo del trabajo”.

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