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“En nuestras historias personales no hay casualidades”: una mirada a San Alberto

A lo largo de todo Chile, incluyendo nuestro Santuario Padre Hurtado en Estación Central, se celebraron misas el 18 de agosto para celebrar la entrada de nuestro santo en el cielo, el día de su muerte. El mismo día se conmemora en Chile el Día de la Solidaridad. Les compartimos una homilía, compartida por el Pbro. Fernando Tapia, vicepostulador de la causa de Don Enrique Alvear, sobre la figura del Padre Hurtado.

Un hombre elegido y preparado por Dios para una gran misión. No fue casualidad que quedara huérfano: sintió compasión por todos los niños y niñas abandonados. Que fuera pobre y tuviera que vivir de allegado donde sus tíos: tuvo compasión de los pobres y de los sintecho. Que tuviera que trabajar para sostener sus estudios y a su familia por un tiempo: tuvo compasión de los jóvenes y de los trabajadores. En nuestras historias personales no hay casualidades. Todo ocupa su lugar si miramos nuestras vidas desde la perspectiva de la fe. Lo maravilloso del padre Hurtado es que trató de vivir cada una de las etapas de su vida en una unión profunda con el Señor y preguntándose siempre ¿qué haría Cristo en mi lugar? Es la pregunta propia del hombre y de la mujer de fe. Pregunta que se debe hacer en un clima de oración, a la luz del evangelio y desde un contacto directo con los más pobres y sufrientes. “Mi idea central es ser otro Cristo, obrar como el, dar a cada problema su resolución”.

Alberto, a la izquierda y su hermano menor, Miguel. Perdieron a su padre siendo muy pequeños. Paradójico: Alberto se convertiría en Padre de muchos chilenos y chilenas. Como dice el padre Fernando Tapia, en nuestras vidas no hay casualidades.

Desde esta experiencia espiritual nace una mirada distinta sobre la realidad, la mirada del profeta, la mirada de Dios que nos cuestiona, que exige conversión, cambio, tanto a nivel personal como a nivel social, porque es una mirada amplia, totalizante, desafiante. ¿Es Chile un país católico? se preguntaba después de mirar junto a las poblaciones callampas de Santiago el despilfarro de los más ricos. Pero no es solo una mirada nueva, sino que de su experiencia espiritual brotan también proyectos, acciones, para solucionar los problemas detectados. “Que mi vida cristiana este llena de celo apostólico, del deseo de ayudar a los demás, de dar más alegría, de hacer más feliz este mundo. Consagración entera en mi espíritu y en las obras…una vida sin compartimentos, sin jubilación, sin jornadas de 8 o 12 horas. Toda la vida entera y siempre para vivir la vida de Cristo”. Este es el fuego del que habla el evangelio: el fuego del amor, que enciende otros fuegos.

Sin embargo, no todos están dispuestos a hacerse preguntas, a dejarse cuestionar y el Padre Hurtado corre la suerte de todos los profetas: la incomprensión, la calumnia, la expulsión, el exilio. Y ¿qué hace el padre Hurtado en esos momentos duros? Vuelve la mirada hacia Cristo, como dice la carta a los hebreos: “Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en vez del gozo que se le ofrecía, soporto la cruz sin tener en cuenta la infamia”. Decía el padre Hurtado: “debemos volver nosotros los sacerdotes del siglo XX al salvador, pobre, doliente, crucificado para ser por él y como el, pobres, sencillos, dolientes y, si fuera necesario, muertos por el…mientras no santifiquemos nuestro trabajo con considerables sacrificios personales, nuestra labor será estéril”.

No fue estéril su labor: fue corta –16 años en Chile- pero fue intensa. Hecha desde Dios, con la fuerza de Dios, que es la fuerza del amor, de la verdad, de la justicia, siguiendo a Jesús, animado por su Espíritu. “Una visita de Dios para Chile”. Que gran regalo de Dios la canonización del padre Hurtado. Su figura nos anima y nos inspira a confiar solo en el Señor y abrazados a su cruz seguir trabajando por el reinado de Dios en nuestra patria.

“De los pobres aprendí a ser pastor”: Enrique Alvear y San Alberto compartieron un gran amor por los pobres en nuestro país. Son dos grandes hijos de la Iglesia chilena, que nos llaman a seguir los pasos de Cristo sirviendo a sus pobres.

Nuestro blogger esta semana es el Pbro. Fernando Tapia, sacerdote diocesano de Santiago, con 45 años de cura, y párroco de San Esteban Mártir de La Pintana. Es el vicepostulador de la causa de beatificación del obispo Enrique Alvear y actualmente está trabajando la positio (toda la documentación por la cual una persona es considerada venerable) que se debe enviar a la Congregación de las Causas de los Santos, para continuar con el proceso. Si quieres saber más de esta figura insigne de la Iglesia Chile, puedes ver el documental “Enrique Alvear, Obispo de los pobres”, del Arzobispado de Santiago.

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