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“La comprensión elevadora”: consejos para el diálogo intergeneracional del padre hurtado y del papa francisco (parte i)

Me preocupa la ruptura generacional que se percibe en los últimos eventos que hemos vivido en Chile: el estallido social, elecciones políticas, ver a mis amigas con hijos e hijas adolescentes y lo difícil que es formar a los hijos hoy, los temas de género… ¿Alguien más tiene esa percepción? Ahora, yo soy una mezcla entre Gen X y Millenial, más tirada para X, y tengo mi propio sesgo. Algunos dicen:

“¿Qué está ocurriendo con nuestros jóvenes? Faltan al respeto a sus mayores, desobedecen a sus padres. Desdeñan la ley. Se rebelan en las calles inflamados de ideas descabelladas. Su moral está decayendo. ¿Qué va a ser de ellos?” o Los jóvenes de hoy no tienen control y están siempre de mal humor. Han perdido el respeto a los mayores, no saben lo que es la educación y carecen de toda moral.”  

¿Palabras que describen a los jóvenes hoy? Sí… pero escritas hace más de dos mil años, por Platón y Aristóteles. La verdad es que la ruptura generacional se ha dado siempre. Pero es verdad también que hoy el tiempo parece pasar de manera exponencial, por la tecnología y otros cambios culturales. Y parece que se abre un abismo entre las generaciones quizás más grande que en otras épocas. 

El papa Francisco es un ejemplo de diálogo intergeneracional: quizás algunos de ustedes han visto el documental “Amén, Francisco responde”. El papa logra sentarse con un grupo de jóvenes de entre 20 y 35 años, y dialogar, sin sentirse amenazado por las preguntas, traspasando la postura de la Iglesia sobre ciertos temas, sin querer convencer a nadie. Los jóvenes lo escuchan, y conversan. Hay un intercambio real, vulnerabilidad: queda claro que hay cosas que el papa no entiende. Pero no importa, no tiene que hacerlo. Se da un diálogo. Creo que tanto el papa como los jóvenes salen transformados de la conversación.

En el documental “Amén, Francisco responde”, se da una verdadera conversación, un diálogo. Una de las jóvenes vende contenido pornográfico y le cuenta su experiencia al papa. Si bien el papa, a mi parecer, parece un poco perdido en este tema, la escucha, la acoge y también habla de la pornografía y de sus efectos nocivos, y del valor de la verdadera comunicación. Intercambio, acogida mutua, presentación de posturas. Diálogo.

Chilenos y chilenas, miremos este modelo. En Chile, estamos fracasando como sociedad: no estamos pudiendo traspasar a las generaciones más jóvenes lo que consideramos bueno de nuestra propia experiencia, para que ellos, a partir de crítica y continuidad, y hagan su propia síntesis, construyan su propio carácter, su propio ethos. 

Demasiado sobre mí. Los dejo ahora con un hombre que se preocupó muchísimo de los y las jóvenes, Alberto Hurtado. Que confiaba en ellos y se dedicó a su formación. Que, como Dios en el libro del Génesis, al mirarlos, decía: “Y vio… que era bueno…” Y eso no excluía una corrección afectuosa: “una mano fuerte más fuerte que la suya que los guiara con seguridad y cariño”. Con ustedes, el blogger estrella, San Alberto.

Como todos, el Padre Hurtado también fue joven. Acá lo vemos con sus amigos del colegio y la universidad: Manuel Larraín, Alberto Hurtado y Fernando Ochagavía, sentados; de pie Luis Pizarro, Germán Domínguez y José Manuel González Vial. En el próximo post se los mostraremos… casi medio siglo después.

Época trascendental en la vida es la adolescencia. Nacimiento de una nueva personalidad. Profunda crisis fisiológica, sentimental y moral. Primeras concepciones de un plan de vida que encuadre su personalidad naciente. Ensayos de adaptación al ambiente social. Fijación de normas de vida. Eso es fundamentalmente la adolescencia. Todo este proceso psicológico, profundo y extenso, va realizándose como a tientas al principio, en medio de ensayos más o menos dolorosos. Una multitud de tendencias, contradictorias muchas de ellas, bullen en el alma del adolescente y le tirantean en todas direcciones: tendencias a lo noble, a lo generoso, hasta el heroísmo, junto muchas veces con inclinaciones egoístas, de indolencia, de pereza. Una alegría turbulenta cede el paso a una honda melancolía; a una descarada insolencia, una timidez invencible. Así alternan también la sociabilidad y la tendencia a la soledad; la fe en la autoridad y el radicalismo revolucionario; el impulso aventurero y la tranquila reflexión. Es un ser nuevo que nace en medio de dolores, los dolores propios de todo nacimiento. La naturaleza se acerca con sus ensayos al centro mismo de la personalidad que está formándose. Y antes de centrarse ve ante sí todos los caminos que le brinda la vida y que le atraen con fuerzas desconocidas. 

No se ha visto a nadie que haya designado los comienzos de la adolescencia como años felices, aunque todos recuerden en ellos años de una alegría desbordante. Y naturalmente el joven que se encuentra en medio de este desorden interior tan complejo, no se comprende a sí mismo y siente un anhelo inmenso de ser comprendido. La educación no puede darse en esta época de la vida sin una comprensión profunda del alma del adolescente. El que lo comprende, por el sólo hecho de comprenderlo, influye sobre él porque señala, subraya, afirma en él determinados rasgos entre la multitud de formas contradictorias. Esta comprensión puede rebajar y destruir si acentúa y valoriza a los ojos del adolescente los rasgos menos valiosos; y puede engrandecer, llevarlo aún al heroísmo, si afirma los rasgos nobles y los encausa dentro del plan de la Providencia. 

El único método de educación en estos años es la comprensión elevadora, y padres y educadores no podrán educar por más que amen a los jóvenes si no quieren hacerse cargo de sus problemas, escucharlos vibrando con las preocupaciones de su alma, apoyar con su experiencia más fuerte las debilidades de un alma tierna que lucha como a ciegas.*

¿Qué piensas, como joven o como adulto responsable de algún joven o adolescente? Para los jóvenes: ¿cómo perciben la educación recibida por los adultos en sus vidas? ¿Qué les hubiese gustado tener? Para los padres y adultos responsables de adolescentes o jóvenes, ¿cuál ha sido su experiencia? ¿Qué piensan de la “comprensión elevadora” que plantea Alberto?

¡Los leemos!

* Extraído de: Hurtado, A. (1994). La vida afectiva en la adolescencia. Estudio de psicología pedagógica. En A. Hurtado, Obras completas. Tomo I (pág. 706). Santiago: Dolmen.

** Esta es la primera de una serie de dos partes sobre algunos tips para la formación de jóvenes de San Alberto. 

Nuestro blogger esta semana es Alberto Hurtado SJ. Fue sacerdote, jesuita, abogado, psicólogo y educador, viajero y amiguero. Trabajó en la Acción Católica, fundó el Hogar de Cristo, y dio muchos retiros y charlas. Se dedicó a la formación de jóvenes, mujeres, hombres y en la última parte de su vida fundó la ASICH y trabajó con líderes sindicales. Según lo que hemos escuchado, le gustaban los tangos, se emocionaba hasta las lágrimas fácilmente (¡era muy sensible! Él no se creía eso de que “los hombres no lloran”); era “acaballado”, y cuentan las malas lenguas, que manejaba muy mal. Fue declarado santo de la Iglesia Católica el año 2005 por Benedicto XVI, y pronunciado Padre de la Patria por el presidente de Chile don Ricardo Lagos. Puedes visitar su tumba en el Santuario Padre Hurtado, en Estación Central (Av. Padre Hurtado 1090).

Bárbara Symmes Avendaño, encargada de contenidos de la Fundación Padre Hurtado, es doctoranda en filosofía de la Universidad de los Andes, licenciada en Historia de la PUC y educadora. Le encanta viajar, los deportes, el cristianismo oriental y tiene alma de apóstol. Hizo su tesis de historia sobre el Padre Hurtado y los jóvenes, y ahora está trabajando temas de relacionalidad, feminismos, mujer y afectividad desde la filosofía.

6 Comentarios

  1. Juan de Dios Reyes

    Si no me equivoco entiendo que quien escribió este artículo es justamente el padre Hurtado. Para mí lo más destacable y creo que la clave para avanzar en el tema, es justamente su actitud, lo que refleja su escrito: COMPRENSION.
    Él no habla de juzgar, ni siquiera dar indicaciones, simplemente comprender ahí está la clave. Eso es tal vez otra forma de decir escuchar activamente. Como se refiere antes al Papa Francisco, puede no saber todo, no tener respuestas para todo, pero sí puede escuchar y conversar con respeto y una mente abierta.

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    • Barbara Symmes

      Hola querido @JuandeDios, gracias por tu comentario. Según lo que entiendo yo, es el primer paso. El Padre Hurtado (que escribió la segunda parte, yo escribí la introducción del post – en general la parte cursiva es mía, la otra es de San Alberto) habla desde una perspectiva educadora, de la cual la comprensión es el primer paso, pero con el horizonte de la formación. Este proceso no es unidireccional, pero si es una relación asimétrica: hay una parte que sabe más, la que educa. Lo que no quiere decir que es educador no pueda aprender del educando. En la segunda parte del escrito se ve más el proceso. Es importante, como muestra el papa, que nos demos cuenta que al que educa no se le pide saber todo, pero estar ahí, dar lo que puede, ser vulnerable. Ahí el mismo educador también va creciendo, en esa entrega. Un abrazo

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  2. María Fernández

    Es muy cierto esto de la “comprensión elevadora”. Hoy día la educación tiende a asumir a los jóvenes como incapaces de emprender desafíos, tanto intelectuales como morales. Se puede ver en la pobreza de algunos programas educativos, en el recorte de contenidos considerados como más difíciles y en la falta de exigencia en todo ámbito a los alumnos. Si el educador comprende su misión como cooperación en el plan de la Providencia, es capaz de transmitir al joven un sentido de pertencia a algo mayor y, por lo tanto, impulsarlo a dar la vida por algo que valga la pena.

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    • Barbara Symmes

      Gracias @María por tu comentario. Eso es muy claro en Alberto Hurtado: repite, repite y repite la importancia de que los jóvenes estén galvanizados por un ideal. Eso se ha perdido, y es parte de la pobreza de las propuestas educativas de hoy en día, muy centradas en la idea de “bienestar personal”, y no de un ideal, o de una entrega por un bien común que implique sacrificios. ¡Un abrazo!

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  3. Patricia Cervantes

    Muy acertado escrito.
    Yo no tengo hijos adolescentes de hecho no tengo hijos.
    Pero comprendo perfectamente la crisis que viene teniendo.
    Es un mundo donde es incierto. No es muy llevadera in etapa de transformación

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    • Barbara Symmes

      Tal cual, @Patricia. Por la misma dificultad cultural que vemos en el mundo hoy, se hace más necesario aún el diálogo intergeneracional que posibilita la educación. Como profesora (puedo equivocarme), cuando entraba a una clase desordenada y los jóvenes me desafiaban, me daba la impresión de que aunque lo hacían, ellos querían que yo “ganara” en cierto sentido. Quería la autoridad, la verdadera. Respetan la autoridad cuando la ven y se dejan moldear por ella si es que se les presenta. Pero la autoridad no es aplastar, imponer, sino dejar espacio y cuidar las condiciones para que el otro crezca. ¡Un arte! ¡Gracias por tu comentario!

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