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Samuel Fernández, académico UC: A 100 años del Padre Hurtado en la Universidad Católica

Escrito por Fundacion Alberto Hurtado

El sacerdote Samuel Fernández, académico de la Facultad de Teología de la UC, resume en estas líneas el incesante aporte san Alberto a esa casa de estudios, como alumno, profesor y gestor de la Facultad de Teología.

La vinculación del Padre Hurtado con la Universidad Católica de Chile se puede dividir en cuatro etapas, la primera comprende sus cinco años como estudiante de Leyes; luego, desde Lovaina, su decisiva colaboración para la fundación de la Facultad de Teología; posteriormente, en sus años de ministerio sacerdotal en Chile, el Padre Hurtado fue profesor en Educación y Derecho, y predicó muchos retiros tanto a los profesores como a los estudiantes de la PUC; finalmente, su último testimonio, es decir, su enfermedad y su muerte, se desarrolló en el Hospital Clínico de la Universidad. Cada una de estas etapas nos permiten conocer diversas facetas de la rica personalidad del P. Hurtado.

1. Período de estudiante de Leyes

En marzo de 1918, Alberto Hurtado comenzó sus estudios de Leyes en la UC, en ese tiempo tenía como director espiritual a don Carlos Casanueva, quien desde el año siguiente será rector de la Católica. Durante sus años de estudiante, Alberto se involucró intensamente en la vida universitaria, participando activamente en el Centro de alumnos de Derecho, tal como lo atestigua la Revista Universitaria de aquella época.

Ya en esos años Alberto manifiesta su preocupación por los más pobres, tanto por el apostolado directo que realizaba el Patronato de Andacollo, como por la actividad política que desarrolla con gran preocupación social. Augusto Salinas, uno de sus compañeros de curso, declara: «Su vida de unión con Jesucristo le llevaba, le arrastraba, hacia los que sufren». Su afán apostólico le hizo buscar un modo de servir a los obreros del salitre venidos a Santiago que estaban instalados en albergues muy precarios. Así lo describe el Padre Damián Symon, sscc., su director espiritual: «No podía ver el dolor sin quererlo remediar, ni una necesidad cualquiera sin poner estudio para solucionarla. Vivía en un acto de amor a Dios que se traducía constantemente en algún acto de amor al prójimo».

Por otra parte, los argumentos de sus memorias de grado muestran también un interés por abordar académicamente los temas sociales: su tesis de Bachiller trata sobre La reglamentación del trabajo de los niños, presentada en 1921, y la de Licenciatura, sobre El trabajo a domicilio, presentada en 1923 y publicada ese mismo año por la Revista Universitaria. Durante su sus años de alumno de la Católica será un fiel participante del Centro de alumnos de Derecho, del que formó parte cada año.

La pregunta ¿qué quiere Dios de mí?, estará muy presente durante estos años. Testigo de esta búsqueda de la voluntad de Dios son las cartas que Alberto, siendo estudiante, le escribió a su inseparable amigo, Manuel Larraín, compañero de curso en el colegio y en la Católica, que será también sacerdote, luego Vicerrector Académico de nuestra Universidad y finalmente Obispo de Talca.

Al finalizar sus estudios, junto a un grupo de egresados, firma una carta en que se compromete a entregar a la Universidad la suma de $ 5.000 «en señal del agradecimiento que le guardan por la educación que de ella han recibido» (Revista Universitaria, ***). Posteriormente, el 4 de Agosto de 1923, aprueba examen de grado de abogado ante la Corte Suprema, con distinción unánime.

Justo antes de entrar al Noviciado jesuita, la Universidad despide a su ex-alumno. Los sentimientos de la Universidad están testificados por La Revista Universitaria que nos transmite un documento de inestimable valor, por ser contemporáneo a los hechos, así comienza el artículo: «Después de haber cursado con el más hermoso éxito los cinco años de la Facultad de Leyes, y de haber obtenido brillantemente su título de abogado con nota óptima de la Corte Suprema y distinción unánime de la Universidad Católica, Alberto Hurtado, nuestro amigo, el amigo de todos los jóvenes católicos, el amigo de pobres y ricos, partió al noviciado de la Compañía de Jesús. Su inmenso amor a Dios fue premiado por la Divina Providencia que le concedió el mérito de abandonarlo todo cuando todo podía tenerlo”.

2. Período de estudiante jesuita

La primera formación la recibe en Chillán entre ejercicios espirituales y labores humildes, posteriormente comenzará sus estudios en Argentina, para continuar con la filosofía y teología en Barcelona. El estudio de la teología debió continuarlo en la Universidad Lovaina, una de las más prestigiosas del mundo. Es allí donde se revela su genio intelectual, graduándose en teología y obteniendo el doctorado en pedagogía con máxima distinción.

Desde Lovaina, Alberto Hurtado prestará un gran servicio a la Universidad Católica en favor de la fundación de la Facultad de Teología. Una abundante correspondencia entre él y el Rector, Mons. Carlos Casanueva, dan cuenta de este agotador proceso de búsqueda de libros, revistas y, lo que es más importante, de profesores para poder hacer realidad la fundación de la primera, y hasta ahora única, facultad de teología en Chile.

La inquietud intelectual del Padre Hurtado quedan de manifiesto en una carta que desde Lovaina escribe a Mons. Juan Subercaseaux: «Una facultad de teología en la Universidad, además de coronar los estudios universitarios, nos permitiría tener en Chile un grupito de mucha competencia en materia de estudios religiosos. A ellos podría acudirse para pedir orientación en los problemas que cada vez más agudos se irán presentando entre nosotros de filosofía religiosa y teología…”.

Se trata de desarrollar un apostolado intelectual, y reconoce que para ello se requiere la mejor preparación metodológica y científica en teología. Tan importante considera esta preparación científica que llega a proponerle al rector Casanueva, que la misma Universidad Católica de Chile pague los estudios de doctorado en las Universidades de Munich, Lovaina, París y Roma a aquellos profesores europeos que ya tengan una buena formación y estén dispuestos a venir a enseñar en la nueva facultad de teología de la UC. En diciembre de 1934 Mons. Casanueva le refiere su agradecimiento en estos términos: «La inmensa gratitud que te debo por tu empeño tan abnegado, tan inteligente, tan atinado y tan cariñoso, que jamás podré pagarte y sólo Dios podrá recompensarte debidamente; después de Dios y de la persona que ha hecho esta fundación, a nadie le deberá esta Facultad de Teología tanto como a ti». Estos agradecimientos se repetirán en el discurso del Rector, el día de la fundación de la Facultad de Teología (cf. Revista Universitaria ***1935).

3. Período de apostolado sacerdotal en Chile

Desde su llegada a Chile, el Padre Hurtado comenzó a desarrollar un fecundo apostolado en la U. Católica. Es nombrado profesor de psicología y pedagogía, y da regularmente conferencias públicas sobre psicología del adolescente, conferencias que posteriormente serán publicadas por la Revista Universitaria. En Pedagogía será profesor de Filosofía de la Educación y en Derecho, de Cultura religiosa.

Pero la tarea educativa del P. Hurtado no se limitó a las clases formales. El carisma de este Apóstol atraía a los jóvenes más allá de los compromisos académicos. Una de sus labores decisivas era la predicación de retiros espirituales. Conservamos algunos de los esquemas originales: en 1937, uno para alumnos de Leyes, en 1940, un retiro para los profesores de la UC. Es allí donde afirma que: «Todo cristiano debe aspirar siempre a esto: a hacer lo que hace, como Cristo lo haría en su lugar. A enseñar la ingeniería, como Cristo la enseñaría; enseñar el derecho …; a hacer una operación con la delicadeza de Cristo…; a tratar a sus alumnos con la fuerza suave, amorosa, respetuosa de Cristo, a interesarse por ellos como Cristo se interesaría si estuviese en su lugar. A viajar como viajaría Cristo; a orar como oraría Cristo; a conducirse en política, en economía, en su vida de hogar como se conduciría a Cristo…».

El mismo año 1940 predicará ejercicios espirituales a unos 40 universitarios, y otro a 60 universitarios. Nuevamente, en el 41 predica a los estudiantes de Leyes y posteriormente a los de Arquitectura. En 1945 predica el retiro preparatorio para la fiesta del Sagrado Corazón ante el Rector y la comunidad universitaria… Los estudiantes de medicina y los de Comercio también serán beneficiados por los retiros del P. Hurtado. A estos retiros debe sumarse una buena cantidad de conferencias para la comunidad de la UC.

El apostolado del P. Hurtado entre los estudiantes es profundamente universitario, invita al universitario católico a «tener una preocupación especial por estudiar su carrera en función de los problemas sociales propios de su ambiente profesional». La lectura de los escritos de este Apóstol muestran que el deber social no es sino una consecuencia del amor a Cristo: «El medio más importante de la educación sobrenatural, casi la base de toda educación, es infundir en los jóvenes el amor a Jesucristo. El que ha mirado profundamente siquiera una vez los ojos de Jesús, no lo olvidará jamás».

4. Su enfermedad y muerte

Su último testimonio, tal vez el más elocuente, fue su enfermedad y su muerte. También este momento lo vivió en el Hospital de la Universidad Católica. Frente a la muerte se revela la profundidad del hombre y frente a la muerte se manifiesta la grandeza de Dios.

Cuando supo la noticia de su inminente muerte, según el testimonio de Marta Holley, el Padre Hurtado exclamó: «¡Cómo no voy a estar contento! ¡Cómo no estar agradecido con Dios! En lugar de una muerte violenta me manda una larga enfermedad para que pueda prepararme; no me da dolores; me da el gusto de ver a tantos amigos, de verlos a todos. Verdaderamente, Dios ha sido para mí un Padre cariñoso, el mejor de los padres».

Este hombre, tan preocupado de las realidades terrenales, de la calidad de la enseñanza, de la justicia en el trabajo; este hombre de acción que llega a exclamar «¡Oh bendita vida activa, toda consagrada a mi Dios, toda entregada a los hombres», este mismo apóstol chileno tan lleno de ocupaciones, tomaba su fuerza y dinamismo de su estrecho contacto con Cristo y de su profundo deseo de la vida eterna.

La vida del Padre Hurtado compromete a la Universidad Católica a vivir con radicalidad el doble precepto del amor: a Dios y al prójimo. Y le entrega un mensaje de esperanza: ante tanto pesimismo nos recuerda la desproporcionada fecundidad de una vida santa entregada al Señor, que es capaz de transformar la vida personal y social más allá de toda proporción humana. En síntesis, la vida de este sacerdote santo no es sino un reflejo de Jesús, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por todos, y por ello podemos considerar, parafraseando la oración fúnebre de don Manuel Larraín, que la presencia del Padre Hurtado fue una visita de Dios a la UC.

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