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Se realizó el retiro anual de servidoras del Santuario Padre Hurtado

Escrito por Fundacion Alberto Hurtado

La Fundación Padre Hurtado realizó este fin de semana un retiro para sus servidoras, instancia que convocó a 28 voluntarias con el objetivo de rezar a partir de la historia del voluntariado y fortalecer el sentido de comunidad que caracteriza su labor pastoral.

La jornada se desarrolló desde la espiritualidad ignaciana y contempló momentos de oración personal y comunitaria, centrados en reconocer la acción de Dios a lo largo de los años de servicio en el santuario. Las participantes realizaron ejercicios de contemplación, dinámicas de confianza y una reconstrucción colectiva de la memoria del voluntariado, destacando hitos y testimonios que reflejan el compromiso sostenido de quienes sirven en este espacio. Además, las servidoras participaron de una pausa ignaciana y un examen de conciencia al finalizar la tarde. El retiro fue facilitado por los sacerdotes Arturo Vigneaux, SJ (rector del santuario), Gonzalo Castro, SJ (vicario parroquias Jesús Obrero) y Bryan Barrios, Director de pastoral y extensión de la Fundación Padre Hurtado).

Uno de momentos más emotivos fue durante la celebración de la eucaristía, donde se incorporó una nueva servidora. Teresa Alarcón, quien es vecina del santuario y cuya familia fue muy cercana al padre Hurtado durante el tiempo en que él vivió en la parroquia Jesús Obrero. Ella ha sido por muchos años colaboradora de la parroquia y participa además en las misas durante la semana acompañando las celebraciones con su canto y su guitarra. Este año decidió incorporase de forma estable al servicio de las voluntarias, al respecto dijo lo siguiente: «Conozco a las servidoras y ellas consideraron que ya que yo he estado toda una vida al lado del padre Hurtado, desde que nací, puedo ser un aporte como servidora. Nací en 1952, el mismo año que él murió. He vivido toda mi vida a la vuelta del santuario. Mi familia lo conocía, mi mamá siempre fue una admiradora del padre Hurtado. Toda la vida he estado al lado de él».

Otro momento de gran significancia fue la entrega de galvanos por el reconocimiento a los años de servicio prestado. Dentro de las personas a quienes se les entregó la distinción, se encuentran Nelly Iturrieta, Nancy Salazar, Carlos Gormaz y Olga Branderberg, quienes nos dejaron estos testimonios.

«Llegué al santuario por una compañera de trabajo que vivía cerca de ahí. Me habló del padre Hurtado, yo no lo conocía mucho. Fui con ella y ahí conocí el santuario del padre Hurtado, y me gustó. Me enamoré de él. El padre Hurtado para mí es algo tan especial, es una persona que amo mucho. Él es una persona muy importante en mi vida, porque estar con él me cambió la vida. Yo todos los sábados tengo que ir al santuario, me da vida ir».

Nelly Iturrieta, 30 años de Servidora

«Soy voluntaria del santuario Padre Hurtado, hace ya 30 años. Me inicié muy joven en el servicio y nunca pensé que iba a pasar tan rápido el tiempo, pero lo hice porque amo el servicio y porque admiro al padre Hurtado, en su acción, en su oración, es lo que me llamó la atención y por eso decidí seguirlo. Ha sido un largo camino, pero muy corto a la vez, porque no me di cuenta en la cantidad de años que han pasado. Ha sido muy bonito y gratificante para mí en lo personal. Es padre Hurtado es un santo, lo admiro por su acción, también me enseña a orar, pero él en su acción veía a Cristo en el otro y eso es lo que trato de hacer, aunque me cuesta mucho obviamente, pero es mi misión, ver siempre a Cristo en el prójimo».

Nancy Salazar, 30 años de Servidora

«Siempre fui servidor, es lo que he intentado hacer toda mi vida, en la familia, en el trabajo. Cuando dejé de trabajar me integré al santuario apenas dejé de trabajar. Renuncié a mi pega en febrero del 2015 y el 1° de marzo entré al santuario, y ya llevo acá 10 años».

Carlos Gormaz, 10 años de Servidor

«Soy servidora porque siento que nací servidora. Siempre he sido un poco florero y tal vez eso fue uno de los regalos que Dios me dio, estar siempre donde creo que hay alegría y necesitan alegría».

Olga Branderberg, 30 años de Servidora.

Algunas imágenes que nos dejó el retiro.

Uno de los facilitadores del retiro fue el sacerdote Gonzalo Castro, SJ, quien comento que «en este retiro pudimos ofrecerles a las servidoras la oportunidad de recordar su historia. Hicimos una línea del tiempo donde ellas pudieron poner sus objetos y testimonios, tratando de recordar qué las trajo al santuario. También tuvimos otro momento de oración donde ellas pudieron recordar cómo nuestro Dios es un Dios de la historia, y así como desde el antiguo testamento Dios va llamando y convocando personas, ese Dios sigue actuando en el presente de ellas». El sacerdote también destacó que «tuvimos un momento para que ellas pudieran rezar por el origen, la fuente de su vocación, que es poner a Cristo en el centro, lo que expresaron de una forma artística a través de un lienzo donde se han representado algunas de las cosas más significativas del santuario para ellas». Este momento fue de un gran sentido, el que buscó pensar en la importancia de lo colectivo y la colaboración en la misión del santuario. Finalmente, las participantes evaluaron la experiencia, destacando el clima de gratitud, fraternidad y renovación espiritual.

Esta actividad, que ha sido organizada por el equipo de pastoral del santuario, busca ser una instancia para profundizar los lazos de unión entre las servidoras, su sentido comunitario, agradecer el servicio que prestan al santuario y generar un espacio para la reflexión y la oración, se realiza tradicionalmente una vez al año y con el tiempo se ha transformado en un momento muy esperado por las participantes y que tiene una gran relevancia para la Fundación Padre Hurtado, puesto que las servidoras tienen el rol de acoger a los peregrinos, ofrecer consuelo, rezar por sus intenciones con el Padre Hurtado, dar una sonrisa, una palabra y la oración del Padre Hurtado, son la acogida para el peregrino. Como dijera también el padre Gonzalo Castro, SJ, «En el fondo, las servidoras se llaman así porque son a ejemplo de Cristo. Ellas quieren servir al peregrino como Cristo mismo es servidor y no es servido. Podemos ver en ellas un testimonio vivo de cómo es el amor de Dios en la sociedad. Por eso para nosotros es un baluarte y es un testimonio tremendamente rico y humano tener servidoras en nuestro santuario».

Fuente: Fundación Padre Hurtado

Padre Hurtado, 23 de noviembre de 2025

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