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Poemas chilenos de Navidad

Escrito por Francisco Lazo

Desde la Fundación Padre Hurtado, hemos realizado un breve compilado de poemas y cuentos navideños, escritos por figuras relevantes de la literatura chilena, con ello queremos invitar a todas las personas a leer y reflexionar con estos relatos que narran distintas miradas y pasajes de esta importante festividad.

Gabriela Mistral

El EstabloRomance de Nochebuena
Al llegar la medianoche
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.

Y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.

Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas dos cabritos…

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes, y de ocas,
y de gallo, y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
la gran cola de colores;
y las ocas de anchos picos.

Y la Virgen, entre cuernos
y resuellos blanquecinos,
trastocada iba y venía
sin poder coger al Niño.

Y José llegaba riendo
y acudir a la sin tino.
Y era como bosque al viento
el establo conmovido…
Vamos a buscar
dónde nació el Niño:
nació en todo el mundo,
ciudades, caminos…

Tal vez caminando
lo hallemos dormido
en la era más alta
debajo del trigo…

O está en estas horas
llorando caidito
en la mancha espesa
de un montón de lirios.

A Belén nos vamos.
Jesús no ha querido
estar derramado
por campo y caminos.

Su madre es María,
pero ha consentido
que esta noche todos
le mezan al Niño.

Lo tiene Lucía,
lo mece Francisco
y mama en el pecho
de Juana, suavísimo.

Vamos a buscarlo
por estos caminos.
¡Todos en pastores
somos convertidos!

Gritando la nueva
los cerros subimos
¡y vivo parece
de gente el camino!

Jesús ha llegado
y todos dormimos
esta noche sobre
su pecho ceñidos

Esteban Gumucio, sscc.

Plegaria de Navidad

Por los que jamás pudieron creer en un niño,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Y por lo más negro y lo más frío,
y por la mirada rota de los resentidos,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por todos los besos de Judas,
el silencio de los orgullosos
y el cálculo oblicuo de los poderosos,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por el fango de los mentirosos
y los blancos muros de los cautelosos,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por la tinta de los envenenadores,
por la amenaza de los perseguidores,
por el desierto de los desesperados,
por la ceguera de los tiranos,
Señor, ten piedad, en esta noche de Navidad.

Por la máscara de los olvidos,
por los dientes de los envidiosos,
por los crímenes elegantes,
por el vacío de los farsantes,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por el desfile de los besarrabos,
por el tumulto de los temerosos,
por la danza de los complacientes
y por la siesta de los indolentes,
Señor, ten piedad, en esta noche de Navidad.

Por la miseria y el frío,
por la soledad inocente,
por la angustia de la gente,
por el hambre y por la muerte,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por el proyecto helado de los violentos;
por la injusticia en papel sellado
y por todo lo fabricado
para la guerra en los cuatro vientos,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por los rascacielos podridos
donde se enconan fronteras;
por todas las balaceras
que inventan los insaciables,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por las armas de la muerte
y los poderes armados;
por el oro malgastado
en crucificar a la gente,
Señor, ten piedad, en esta noche de Navidad.

Por la nieve de los cielos vacíos,
por la sangre que mancha los ríos,
por las viudas y los huérfanos
de los odios nucleares,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por la viga que llevamos en los ojos,
por todas las puertas estrechas,
por nuestras anclas de corcho,
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Por los cimientos de arena
en que ponemos la paz;
Señor, ten piedad en esta noche de Navidad.

Violeta Parra

Décimas por el Nacimiento

El niño jesús nació
En el portal de belén,
La estrella de sumo bien
A los magos le’ alumbró.
El mundo resplandeció
Con pitos y panderetas,
Bajaron siete cometas
A ver este nacimiento,
Los altos del firmamento
Que abrieron para la fiesta.

Los fieles del redentor
Acuden muy presurosos
A presenciar el hermoso
Regalo del gran señor.
Adiós a nuestro dolor,
Válganos la penitencia,
Hagamos la reverencia
En este humilde portal
Porque envuelto en un pañal
Vino dios a la existencia.

Gloriosa la noche aquella
Cuando la virgen sufrió
Y al mundo un hijo le dio
Más claro que una centella.
Bajáronse las estrellas,
Cantaron los pajaritos,
Sabiendo que jesucristo
Venido a cristianizarlos
Y por amor a salvarlos
Con su dolor infinito.

Ahí está la virgen pura
Al lado de san josé,
Con el niñito son tres,
Se miran con gran ternura.
No ha habío ni habrá dulzura
Más grande en intensidad
Que la de la navidad
Cuando bajó de los cielos
A darnos su gran consuelo
El dios de la cristiandad.

Pablo Neruda

No vengas Navidad

No vengas, Navidad,
que es muy temprano todavía,
las madres están temblando
en el sol del mediodía
y los niños en las calles
vagan solos, sin comida
y el campesino, aunque quiera,
no puede deletrearte en las vitrinas.

No vengas, Navidad,
como insulto a la pobreza,
no llenes de caros licores
a los ricos de la empresa,
ni ufanes a sus señoras
con perlas y con diamantes.

No vengas, Navidad,
ten compasión, no vengas.
No queremos combinaciones
de contrastes humillantes
con sedas finas de china
y manta vieja y zurcida,
con pavos de muchas marcas
y sal en una tortilla.

No vengas, Navidad,
danos un tiempo todavía,
recuerda que existen muchos
que sufren con tu venida
sacando de sus pañuelos
monedas envejecidas
para comprarle al mundo
una parte de tu alegría.

Recuerda que somos tantos
sumidos en la miseria
y anhelamos saborearte
con bebidas y con torrejas,
con juguetes y conservas,
para que nuestros hijos sientan
el calor de Nochebuena
en la pólvora sonora
que los ricos siempre queman.

No te muestres, Navidad,
en pléyades de alegres venaditos
portando juguetes, campanillas y trineos
por las residencias de los niños ricos;
tu presencia entre los nuestros
todavía no concibe
que se afame en los estantes luminosos
a un San Nicolás de lanas revestido
y se margine de realezas al glorioso
desnudo Niño Dios con frío.

Fuente: Comunicaciones Fundación Padre Hurtado

Estación Central, 22 de diciembre de 2025

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