La Cuaresma no es solo cumplir tradiciones, es una invitación a volver al amor de Dios, a ayudar a quienes más lo necesitan. Jesús nos llama a cambiar de verdad, a reconocerlo en los pobres y a vivir una fe que se note en acciones de justicia y solidaridad. Desde el Santuario Padre Hurtado, te invitamos a vivir este tiempo de Cuaresma.
A la luz del pensamiento y mensajes del padre Hurtado, durante este tiempo de Cuaresma queremos propiciar un espacio para prepararnos para caminar hacia Cristo resucitado. Para el padre Hurtado la Cuaresma no era simplemente un tiempo de costumbres u obligaciones. Era, y sigue siendo, una invitación a reorientar la vida hacia el amor de Dios y hacia nuestros hermanos y hermanas más necesitados. Más que ser una tradición, la Cuaresma es un llamado que nos hace Cristo hoy para transformar nuestra vida desde la raíz, desde una espiritualidad encarnada y activa que nos lleve a reconocer a Dios en los pobres, a compartir lo que tenemos y a vivir una fe que se traduce en acciones concretas de caridad y justicia.
La primera etapa de esa transformación es la conversión del corazón.
Alberto Hurtado no nos invita a una conversión emocional, ni a una renovación superficial con meras declaraciones de intenciones, sino a cambios profundos en la forma de mirar. En concreto, aprender a mirar al otro no como un número o un problema, sino como un hermano o hermana que lleva el rostro de Cristo. Cuando nuestras vidas comienzan a orientarse desde ese centro, el egoísmo natural que habita en cada uno, el consumismo, la comodidad, la búsqueda constante de seguridades personales, empieza a desvanecerse. La conversión se vuelve entonces el punto de partida para una vida orientada al servicio, a los demás.
Cambiar la mirada nos lleva a un aspecto central en la espiritualidad de Hurtado: Cristo vive particularmente en los más desamparados. Para él, no era posible hablar de amor cristiano sin asumir la presencia de Dios en los pobres, en los que no tienen voz, en los que esperan justicia y dignidad. Este pensamiento no puede quedar solo en una idea, sino que debe transformarse en una realidad que se experimenta en el corazón de cada gesto concreto de amor. De este modo, a fe se vuelve compromiso; la justicia, caridad activa y presencia real entre quienes sufren.
Pero la espiritualidad cuaresmal del padre Hurtado no se detiene ahí. Él vivió como una donación total de sí mismo el Cristo y al prójimo. Para Alberto, la vida cristiana no fue una serie de prácticas aisladas, sino una ofrenda continua que une nuestras acciones cotidianas con el amor de Jesús que se entrega en sacrificio. Esta idea queda de manifiesto en la forma como Hurtado veía la eucaristía “¡Mi misa es mi vida, y mi vida es una misa prolongada!”1, vida en la que cada acto se eleva como una ofrenda al Señor y se convierte en un canal de gracia para los demás.
La donación debe combatir a la indiferencia y el egoísmo
Para San Alberto uno de los grandes obstáculos para la vida cristiana es la tentación de cerrar el corazón ante el sufrimiento del mundo. La indiferencia, la pereza espiritual y la autosuficiencia, erosionan el amor que Cristo nos pide. Por ello, nos invita a encender en nosotros la luz y el calor del amor cristiano, a no cruzarnos de brazos ante cualquier situación dolorosa y a ser presencia activa de misericordia. Así lo planteaba en una prédica realizada en Chillán con motivo del Te Deum en 1948 “Chile tiene una misión en América y en el mundo: misión de esfuerzo, de austeridad, de fraternidad democrática, inspirada en el espíritu del Evangelio. Y esa misión se ve amenazada por todas las fuerzas de la vida cómoda e indolente, de la pereza y apatía, del egoísmo”2.
La invitación del padre Hurtado para la Cuaresma es finalmente a realizar obras de misericordia concretas en nuestra vida diaria. Cada gesto de atención, escucha, compañía, ayuda material o consuelo, es una chispa de amor que enciende esperanza en quien recibe ese gesto. Cualquier acto, por pequeño que pueda parecer, cuando nace de un corazón dispuesto a amar, transforma la vida cristiana en una secuencia de acciones que reflejan la bondad de Dios en el mundo. Para Hurtado, as obras de misericordia, la caridad fraterna, decía él, “son tratadas con mucho menor detención que la pureza, la honradez, el cumplimiento de los deberes religiosos, siendo así que, según San Pablo, la caridad es aún más perfecta que la fe y la esperanza”3.
Finalmente, en el legado de San Alberto podemos reconocer que cada persona tiene una parte importante que desempeñar en la construcción de un mundo más justo, compasivo y solidario. Esta es una invitación personal que nos compromete ser el cambio y a preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo?, ¿Qué gesto de amor puedo ofrecer hoy? Así, la Cuaresma se convierte en un tiempo para el crecimiento en nuestra fe, la esperanza y la caridad. Una invitación a vivir con coherencia la vida que Cristo nos regala.
Texto inspirado en prédica pronunciada por el padre Hurtado en la Basílica del Salvador, la noche del 26 de octubre de 1940, luego del desfile de antorchas de Cristo Rey. San Alberto Hurtado, La búsqueda de Dios, pp. 180-186. Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 2005
- La Eucaristía, Ciclo de charlas a la Congregación Mariana sobre la Eucaristía, en Julio de 1940. Ésta corresponde al 7 de Julio de 1940. La búsqueda de Dios, pp. 213-216. ↩︎
- Te Deum, Prédica de acción de gracias pronunciada el 18 de septiembre de 1948 en Chillán. La búsqueda de Dios, pp. 160-163. ↩︎
- Humanismo Social, A. Hurtado. 1947. ↩︎
Fuente: Comunicaciones Fundación Padre Hurtado
Estación Central, 16 de febrero de 2026.




