Durante agosto, miles de personas y comunidades participaron en peregrinaciones, encuentros, celebraciones y diversas iniciativas inspiradas en el legado del padre Hurtado. Al cerrar este Mes de la Solidaridad permanece una invitación que va más allá de agosto, volver a mirar al otro, reconocerlo y comprometernos con su realidad.
El Santuario Padre Hurtado y distintas comunidades a lo largo de Chile vivieron el Mes de la Solidaridad, bajo el lema “Ven y verás”, como una acción concreta para que la solidaridad sea semilla de esperanza. La campaña que buscó profundizar en una dimensión del legado de Alberto Hurtado, mirar la realidad y, especialmente, ver al otro., nos acompañó durante estas semanas, con una pregunta: ¿Qué no estoy viendo?
La invitación fue a detenernos, cambiar nuestra mirada y descubrir personas, historias y realidades que muchas veces quedan fuera de nuestra atención cotidiana. El Mes de la solidaridad fue también una invitación a encontrarse, escuchar y comprometerse.
Un mes de encuentros
El santuario fue un espacio de encuentro para peregrinos, familias, jóvenes, comunidades educativas, parroquias, expresiones y tradiciones religiosas, así como de distintas organizaciones que quisieron acercarse a la vida y al legado del padre Hurtado.
La Peregrinación Juvenil organizada por la Delegación de la Esperanza joven, la peregrinación de los Cuasimodistas, la rueda de Canto a lo Divino, el concierto de las orquestas juveniles e infantiles (FOJI), el encuentro de Bailes Religiosos y otras iniciativas culturales y pastorales fueron parte de un mes marcado por la participación de diversas comunidades.
Uno de los momentos centrales fue la celebración del Día nacional de la solidaridad, el 18 de agosto, día en que se celebra la memoria litúrgica de San Alberto Hurtado. La jornada permitió renovar su legado y recordar que la solidaridad no puede reducirse a una acción ocasional, sino que está llamada a convertirse en una manera cotidiana de vivir. Ese día, cientos de personas participaron en la celebración eucarística y en el gesto del aromo, llevando este símbolo de esperanza hasta la tumba, poniéndose también los anteojos de la solidaridad, como signo de una nueva manera de mirar. Ese mismo día por la mañana el presidente de la república, José Antonio Kast, llegó hasta la tumba de Hurtado, a depositar un ramo de aromo. Por la noche, pudimos ver el frontis de La Moneda iluminado con el rostro de san Alberto.
Una solidaridad que salió al encuentro
La invitación “Ven y verás” también se tradujo en salir del santuario. La Camioneta Verde y la reliquia de San Alberto Hurtado recorrieron distintas comunidades de la región del Biobío, llegando a Concepción, Penco, Lirquén, Punta de Parra y Florida. La visita permitió encontrarse con comunidades educativas, parroquias y familias, especialmente en territorios afectados por los incendios forestales de enero y febrero de este año.
La presencia de la Camioneta Verde en estos lugares quiso ser un gesto de cercanía y acompañamiento. Porque la solidaridad no termina cuando una emergencia deja de ocupar los titulares. Permanece en los procesos de reconstrucción, en la escucha y en la capacidad de acompañar a quienes siguen enfrentando sus consecuencias.
La experiencia en Concepción y sus alrededores, recordó una vez más la vigencia del pensamiento del padre Hurtado, la solidaridad comienza cuando somos capaces de mirar al otro y reconocer que su vida nos importa.
¿Qué nos deja este Mes de la solidaridad?
Al terminar agosto, queda una pregunta que es también una invitación, ¿Qué viste al ponerte los anteojos de la solidaridad? Quizás una realidad que desconocíamos, una historia que nos hizo detenernos, a alguien cercano que necesitaba de nosotros. Quizás comprendimos que la solidaridad no consiste solamente en entregar algo o hacer grandes acciones, también es estar, escuchar, acompañar y comprometernos.
Los anteojos de la solidaridad fueron un símbolo de la invitación a cambiar la mirada. El aromo, una expresión de esperanza. Las peregrinaciones, encuentros y visitas, espacios para encontrarnos con otros y hacer comunidad. Pero estos símbolos fortalecen su sentido si logramos que no se queden solamente en agosto, sino que permanezcan en nuestro diario vivir.
La solidaridad no termina en agosto
El padre Hurtado no vivió la solidaridad como una campaña ni como una actividad puntual. Su vida estuvo marcada por una profunda preocupación por las personas y por la convicción de que la fe debía traducirse en servicio y compromiso con los demás. Por eso, cerrar el Mes de la solidaridad no es poner fin a esta invitación, significa preguntarnos cómo podemos llevarla a nuestra vida cotidiana. Porque el verdadero desafío de “Ven y verás” comienza ahora, cuando termine agosto y tengamos cada día la oportunidad de ver aquello que volvimos a mirar.











Fuente: Comunicaciones Fundación Padre Hurtado
Estación Central, 31 de agosto de 2026




