El obispo emérito de Rancagua, monseñor Alejandro Goic Karmelic, falleció este lunes 1 de septiembre a los 85 años, tras permanecer hospitalizado desde el viernes 29 de agosto por complicaciones de salud.
Figura destacada en la Iglesia chilena, fue presidente de la Conferencia Episcopal de Chile (2004-2010) y lideró el Consejo Nacional para la Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas, promoviendo políticas de protección y apoyo a quienes fueron víctimas de abuso eclesiástico.
Recordado por su sencillez y compromiso con la justicia social, Goic desarrolló su ministerio en Punta Arenas, Concepción, Talca, Osorno y especialmente en Rancagua, donde dejó una profunda huella en sacerdotes, laicos y comunidades.
Su lema episcopal, “Cristo es mi vida”, reflejó su espiritualidad y su inspiración en figuras como san Francisco de Asís y san Alberto Hurtado. Desde la Fundación Padre Hurtado nos unimos en oración a quien será recordado como un pastor cercano y coherente, siempre comprometido con los más vulnerables. Recordada es su preocupación por una reforma al sistema de pensiones, así como la necesidad de un sueldo ético, «el salario es retribución de ese trabajo y, por tanto, debe ser justo, ético, suficiente, validador de la dignidad de las personas. En una mayor justicia social está la base para la seguridad y la paz social».
El año 2007, monseñor Goic, entonces presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, envió a medios nacionales una sentida columna con motivo del celebrar el segundo aniversario de la canonización de San Alberto Hurtado en octubre de 2007. En la mencionada columna se puede ver la cercanía espiritual que tuvo don Alejandro con San Alberto.
En camino hacia el Bicentenario, creemos que los líderes sociales, los constructores de la sociedad, lo serán de verdad en la medida en que sean capaces de interpretar los dolores, las esperanzas y los anhelos de la gente. A días de celebrar el segundo aniversario de su canonización, las palabras de san Alberto resuenan con una fuerza que nos conmueve: “La Patria necesita un nuevo tipo de hombre. No se puede tallar la efigie del Chile nuevo en madera podrida (…) esto engendra en nosotros, cristianos, una responsabilidad formidable, como pocas veces la hubo en la historia”.
La columna íntegra, puede ser leída en nuestro sitio web: «Querer grande… realizar grande»



Fuente: Comunicaciones Fundación Padre Hurtado
Estación Central, 1 de septiembre de 2025




