Por: Tania Santis*
A principios de este año nos preguntábamos en la Fundación Padre Hurtado de qué manera inspirar un nuevo mes de la solidaridad en Chile. Veníamos de un verano devastador por los incendios que asolaron distintas zonas de nuestro país, con una sequía marcada y acentuada por el cambio climático, con agudización de los problemas derivados de la inseguridad, una situación económica que daba cuenta de los bajos los índices de crecimiento, un proceso constituyente más formal y con menos arraigo popular, junto a las huellas de la post pandemia que seguían marcando la salud física y mental de muchas personas.
Un tiempo complejo, sin duda alguna, pero uno más en la historia del país. Porque revisando los escritos de Alberto Hurtado nos dimos cuenta de que, en el Siglo XX, a fines de la década del 40, en plena democracia, Chile también enfrentó un período de alta convulsión a nivel político, social y económico. Fue en ese contexto en que el Padre Hurtado pronunció una homilía en que invitó a levantar la mirada, para no perder de vista que un país es más de lo que podemos ver cada uno de manera particular y se convierte en una causa, que convoca a una misión de conjunto. Y entonces todo cuadró y empezamos a diseñar una consulta, muy sencilla, en torno a las palabras de Padre Hurtado pronunciadas un 18 de septiembre en un Te Deum al sur de Chile, en Chillán.
Para hacerlo simple, construimos un instrumento de consulta con dos preguntas: ¿cuál es la misión de Chile hoy? Y ¿cuáles son las esperanzas en torno al país? Hicimos una primera ronda de consultas dirigida a los representantes de los tres poderes del Estado y la respuesta fue, en general, silencio. Pero encontramos respuestas cuando hicimos estas mismas preguntas de manera abierta, por redes sociales a todo el país, y presencial en los territorios en que trabajamos.
Hasta hoy seguimos recibiendo respuestas de personas que se enteraron tarde de la convocatoria o la recibieron a tiempo, pero estaban esperando el momento preciso para comentar. Fue así como preparamos una síntesis con casi 400 respuestas que llegaron hasta la tercera semana de julio, desde distintos lugares del país, de personas con y sin cargo, de condiciones muy disímiles y de geografías distintas. Y esas voces acogieron el llamado a reflexionar sobre Chile y tuvieron la generosidad de compartir sus esperanzas.
Lo más evidente es cuánto duele la ausencia de un proyecto país que convoque y sea compartido, que logre inspirar más allá de las diferencias evidentes. El individualismo causa heridas en lo más hondo de las personas, marcas que pasamos de largo en el día a día, aun cuando son evidentes en las miradas, gestos y preocupaciones. En ese sentido, quienes responden comentan lo necesario y positivo que sería compartir una misión de país común, pero que no existe o al menos ha dejado de ser patente para la mayoría.
No hay una sola manera de abandonar lo plural, lo compartido. Y hemos reemplazado la comunidad por la desconfianza, por las defensas cuando no por la violencia, porque el miedo y la desesperanza se han arraigado en demasiados espacios de nuestra vida diaria.
Sin duda, nos falta volver a recuperar la vocación por el bien común, que sirva para que retomemos las instancias que nos permitan ejercer plenamente el derecho y deber de ser ciudadanos y ciudadanas.
Esas mismas voces exigen que se retome la responsabilidad en el mundo público y privado, con menos discursos y mayor certidumbre, menos intereses particulares y mayor mirada de conjunto. Porque en las palabras compartidas en esta Consulta hay una base de decepción, de desilusión y a pesar de ello, el anhelo de poder contribuir a construir un mejor país.
Es en las esperanzas donde volvemos a retomar el sentido profundo del que nos habló el Padre Hurtado, porque las personas se ponen a disposición de aportar a una sociedad mejor, en una mirada de futuro que retoma la capacidad de soñar el país que queremos. Sin embargo, es entre los más jóvenes donde esta pregunta muestra los mayores quiebres, pues es en adolescentes entre quienes más se reitera la respuesta “Ninguna”, para referirse a las esperanzas que siguen para ellos o para otros en Chile.
Si en un adulto o adulta la desesperanza suena con rudeza, cuánto más lo hace cuando es pronunciada por los jóvenes, porque en esa respuesta, al igual que en la de personas mayores, somos muchos y muchas los adultos responsables de ese dolor. En general, la falta de expectativas tiene que ver con lo que suelen ver de manera directa en su entorno, familiar o escolar si están asistiendo de manera regular a algún establecimiento. Otras veces, tiene que ver con no sentirse escuchados, que es otro de los problemas críticos que tenemos. Saber escuchar es ir más allá del sonsonete de las voces, es significar lo que nos dice la otra persona, es detenernos en la manera en que lo dice, el contexto en que lo menciona es darnos el tiempo de mirar a quien nos habla y ofrecer atención concentrada, no para pensar las respuestas, sino simplemente para oír. Nos hemos acostumbrado a vivir en un espacio social y público que sanciona, juzga y condena antes de cualquier argumento, sin poner atención a quien tenemos del otro lado.
El pasado mes de la solidaridad, entre tantas otras cosas, nos permitió una vez más reflexionar sobre cómo veníamos viviendo el espacio, el entorno, las relaciones con otras personas e incluso cuántas oportunidades fuimos capaces de brindarnos como personas y como sociedad.
Tenemos una tarea gigante para no dejar que la nostalgia o el pesimismo nos nuble y seamos capaces de generar un nuevo compromiso con uno mismo y con el país, que tanto necesita mitigar los dolores de los que nos habló Gabriela Mistral al homenajear al Padre Hurtado. Aprovechemos septiembre para releer el Te Deum (u otro escrito de los muchos que dejó Alberto Hurtado) y volvamos a preguntarnos cuál es la misión por cumplir y qué esperanzas necesitamos para sentir que vivimos en un mejor país para todos y todas, sin exclusión.
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*Tania Santis, asesora del Equipo Directivo de la Fundación Padre Hurtado. Periodista, Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Magister en Política Educativa y Diplomada en Análisis Político. Directora de Comunicaciones en EK. Coordinadora de la Consulta Chile, una misión por cumplir.




