loader image
El Sagrado Corazón en la vida de Alberto Hurtado

Lejos de ser solo una pintura bonita, el Sagrado Corazón nos habla del corazón de Cristo, un corazón rico de deseos, de sentimientos y aspiraciones, que se deja tocar por la realidad, como le sucedió a Alberto, y como la historia del santo nos enseña a hacer también. La dimensión de las emociones y los afectos llena de color nuestra vida.

Por esas cosas de la vida, los dos santos canonizados chilenos tienen una estrecha relación con el Sagrado Corazón, cuyo mes estamos cerrando. Alguna lección tendrá el Sagrado Corazón para los chilenos y chilenas. Santa Teresita fue alumna externa del colegio de Sagrado Corazón en la Alameda, de 1907 a 1915, cuando pasó a ser interna, hasta que entró al Carmelo un par de años después. Pasó más tiempo en el colegio que formó su personalidad, que en el Carmelo, en el que solo estuvo once meses antes de morir de tifus.

También en el caso del Padre Hurtado, el Sagrado Corazón jugó un rol importante. Fue un hombre en que los afectos y las emociones jugaron un rol fundamental, como probablemente lo hacen en tu vida y en la mía.

Iglesia de los Sagrados Corazones en la Alameda, donde Alberto fue todas las noches de junio de 1923 a pedir por sus problemas económicos para poder ser jesuita. Foto de Carlos Figueroa.

Alberto quería ser jesuita desde los quince años, pero no pudo hacerlo porque tenía que ayudar a su mamá, que no tenía buena situación económica. Pero el deseo no desaparecía. Corría el año 1923. Ya terminando la carrera de Leyes en la Universidad Católica – lo que nos enseña que también se puede seguir haciendo la voluntad de Dios, que es siempre nuestra felicidad, aunque los planes no salgan como queremos-, durante junio, iba todos los días a la iglesia de los Sagrados Corazones en la Alameda. Allí se dirigía, ya en esos años universitarios, con el padre Damián Symon, de la Congregación de los Sagrados Corazones. Se dedicaba a pedirle a Dios que sus problemas, que no tenían una solución en ese momento, se resolvieran, y pudiera entrar a la Compañía de Jesús. Nos cuenta el padre Damián: “Durante todo el Mes del Sagrado Corazón de Jesús del año 1923, a las 10 de la noche, le vi tenderse en el suelo, frente al altar del Santísimo Sacramento, y pasar una hora entera en esa postura, implorando, en la oración más fervorosa, que el Señor le solucionara sus problemas económicos para poder consagrarse totalmente a Dios”. 

La solución vino de la mano del Sagrado Corazón. Nos cuenta la Causa de Beatificación que el joven Alberto “se enteró que la compra del fundo efectuada dieciocho años antes tenía vicios legales que la podían hacer inválida. No se habían cumplido las solemnidades por ser menores de edad los herederos.” Si bien sabía, con los conocimientos ganados en la carrera, que podía ganar en un juicio al que le había comprado el fundo a la señora Ana, don Marcos Gajardo, dudó de la moralidad de la acción. Era un ex cura. Sin embargo, tras asegurarse que no había nada inmoral en su acción, hizo la demanda. Como estaba en una situación indefendible, Marcos Gajardo les ofreció una suma de dinero muy alta para conservar el fundo, que era suficiente para que su mamá estuviera segura económicamente.

Despedida de Alberto de la Universidad Católica, antes de irse de jesuita.

Alberto recibió esa noticia el día del Sagrado Corazón de 1923. El resultado de esta cuestión, entre otras cosas, es que el Sr. Gajardo volvió a la fe. Según decía su hija, Mónica Gajardo de Quiroz, “su padre siempre sintió que la solución del caso le había permitido satisfacer la vocación sacerdotal de un hombre santo.”

El 15 de agosto de ese año Alberto entraba a la Compañía, en Chillán, el día de la Asunción de la  Virgen. No esperó su diploma de abogado. Tenía el corazón puesto en su camino religioso y sacerdotal.

Y tú, ¿confías en el Sagrado Corazón? ¿Ves que tus deseos y aspiraciones son una manera fundamental en que Dios te habla? ¿Te das tiempo para escuchar a tu corazón? ¿Qué te esperas de Dios? ¡Los leemos!

Bárbara Symmes Avendaño es doctoranda en filosofía de la Universidad de los Andes, licenciada en Historia de la PUC y educadora. Le encanta viajar, el frío, los deportes, los íconos, el cristianismo oriental y tiene alma de apóstol. Hizo su tesis de historia sobre el Padre Hurtado y los jóvenes, y ahora está trabajando temas de relacionalidad, mujer y afectividad desde la filosofía.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Déjanos tu Correo

Podremos enviarte información importante sobre nuestra Fundación, noticias, blog e invitaciones a diversas actividades, además de contenido del Padre Hurtado.
Newsletter