Por Bryan Barrios Grafe
Con espiritualidad de Alberto Hurtado, nos referimos a aquello que lo movió en su interior a ser quien fue. También nos referimos a su identidad más profunda. Alberto Hurtado fue un chileno, profundamente cristiano, un enamorado de Jesús, por ello, decidió dedicarse exclusivamente a Él a través del sacerdocio, pero también a través de la educación. Su identidad más profunda fue ser un cristiano al estilo de San Ignacio de Loyola, de ahí que se afirme que su espiritualidad es ignaciana pero que la trascendió a través de su propia originalidad (Costadoat, 1996) después de todo cada quién debe seguir su único camino (Francisco, 2018)
La originalidad se daba en que “La espiritualidad del P. Hurtado se traba entre el Cristo que somos y el Cristo que encontramos en los demás” (1996, p. 10). Él gracias a su intensa vida de oración, a la vivencia en profundidad de la eucaristía, su amor a la virgen María y a la perseverancia en sus ejercicios espirituales supo identificar a Cristo en los más necesitados y a vivir abandonado en las manos de Dios como barro en manos de un alfarero (Castellón, 1998)
“Una de las características más originales de la espiritualidad del P. Hurtado es que, como apóstol de la Doctrina Social de la Iglesia, él se da por entero a la transformación de la sociedad” (1996, p. 17) por ello, vivió su cristianismo haciendo todo lo posible por despertar en todas y todos el sentido social, esa actitud que nos impulsa a comprender las necesidades de las demás personas y ayudarlas a superarlas (Hurtado Cruchaga, 2017)
Este compromiso no fue fácil para él, muchos le acusaron de ser demasiado activista (Ochagavía, 2010) sin embargo, no fue así. Uno de sus grandes dolores era precisamente que Dios estaba siendo olvidado en la sociedad (Lavín, 1982) y ese era el origen de que tantas personas sufrieran en Chile. Para Alberto Hurtado, una espiritualidad sana (Hurtado, 2005) es aquella que busca a Dios en las circunstancias de la vida cotidiana y nos impulsa a transformar aquello según el corazón del Dios de Jesús a través de pequeños gestos cotidianos de solidaridad con quienes más sufren.


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