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Morir, meditación sobre el pecado

Escrito por Francisco Lazo

Pecar es morir. Es la única muerte. Sin pecado la muerte es vida, es comienzo de la verdadera vida; pero con pecado el que vive muerto está:»No son los muertos los que en la paz descansan de la tumba fría,muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía».

30 de octubre de 2026

Un disparo a la eternidad pp. 49-55.

Texto para motivar la reflexión.


Reflexión semanal: ¿Qué cosas nos ayudan a estar verdaderamente vivos?

1. Nos ponemos en presencia de Dios

Busquemos un momento de tranquilidad. Dejemos por unos instantes las preocupaciones y actividades del día. Hagamos silencio y dispongamos el corazón para encontrarnos con Dios.

Podemos comenzar diciendo:

Señor, aquí estamos. Queremos detenernos, mirar nuestra vida y reconocer aquello que nos acerca a ti y a los demás. Ayúdanos a mirar con sinceridad, sin miedo y con esperanza. Amén.

2. Una palabra de San Alberto Hurtado

En su meditación sobre el pecado, el Padre Hurtado nos invita a reconocer que nuestras decisiones tienen consecuencias en nuestra vida y en la relación con los demás.

Escribe:

«El pecado es la fealdad: rompe la armonía. La obra de Dios es bella y armónica: parece un concierto; el pecado es desarmonía, una nota estridente».

Más adelante, se detiene en una cualidad que considera especialmente valiosa:

«La delicadeza. Esa hermosa cualidad que hace la vida hermosa: fijarse en lo pequeño, deseo de agradar, atenciones, sacrificios, que son el perfume de la vida».

Para Hurtado, perder la delicadeza es dejar de mirar a los demás, encerrarnos en nuestros propios gustos y olvidarnos de quienes necesitan de nosotros.

3. Meditamos: ¿Cómo estoy viviendo?

Tomemos unos minutos para pensar en nuestra vida cotidiana.

A veces, sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir preocupados de nosotros mismos. Dejamos de prestar atención a quienes nos rodean, nos cuesta escuchar, agradecer, pedir perdón o tener un gesto de cariño.

Otras veces dejamos de lado nuestros ideales y aquello que alguna vez nos entusiasmó. Nos conformamos con lo más cómodo y olvidamos que estamos llamados a vivir con generosidad.

El Padre Hurtado nos recuerda que la vida se hace más hermosa cuando somos capaces de mirar a los demás, tener pequeños gestos de amor y salir de nosotros mismos.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Estoy atento a las personas que forman parte de mi vida?
  • ¿Qué pequeños gestos de cariño, generosidad o preocupación he dejado de hacer?
  • ¿Qué puedo cambiar para vivir con mayor delicadeza y amor?

No necesitamos responder todas las preguntas. Elijamos aquella que más nos interpela y quedémonos un momento con ella.

4. Compartimos nuestra reflexión

Si estamos realizando esta reflexión en comunidad, podemos compartir libremente alguna de nuestras respuestas.

No se trata de juzgar ni de corregir a los demás, sino de escucharnos y aprender de las experiencias de quienes nos acompañan.

Podemos conversar a partir de esta pregunta:

¿Qué gesto sencillo puede hacer que la vida de otra persona sea un poco más hermosa?

5. Un compromiso para esta semana

La reflexión también nos invita a actuar.

Pensemos en un gesto concreto que podamos realizar durante los próximos días: escuchar con más atención a alguien, visitar a una persona que está sola, agradecer, pedir perdón, ayudar sin esperar nada a cambio o dedicar tiempo a quienes queremos.

No tiene que ser algo extraordinario. Muchas veces, la vida se transforma a través de pequeños gestos cotidianos.

Mi compromiso para esta semana es:

¿A qué me siento invitado a “morir” para vivir?

6. Terminamos con una oración

Señor Jesús,

Tú nos invitas a vivir una vida plena, abierta al amor y al encuentro con los demás.

Ayúdanos a no encerrarnos en nuestros propios intereses, a reconocer las necesidades de quienes nos rodean y a recuperar la delicadeza en nuestros gestos y palabras.

Que, siguiendo el ejemplo de San Alberto Hurtado, sepamos mirar con atención, actuar con generosidad y hacer de nuestra vida una oportunidad para construir un mundo más humano y fraterno.

Amén.


Si lo deseas puedes leer el texto completo en qué se inspira la reflexión de esta semana en el siguiente link

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