La vida, la verdadera vida, la única que puede justificar un viaje de Dios es la vida divina: «Para que nos llamemos y seamos hijos de Dios» (1Jn 3,1). Nos llamemos, ¡¡y lo seamos de verdad!! No hace un viaje lejano el Dios eterno si no es para darnos un don de gran precio: Nada menos que su propia vida divina, la participación de su naturaleza que se nos da por la Gracia.
6 de noviembre de 2026
Un disparo a la eternidad pp. 35-41.
Texto para motivar la reflexión.
Reflexión semanal: ¿Qué cosas nos ayudan a estar verdaderamente vivos?
1. Nos ponemos en presencia de Dios
Hagamos un momento de silencio. Dejemos de lado por un instante las preocupaciones, las tareas y el ritmo de nuestra vida cotidiana.
Pongámonos en presencia del Señor y pidámosle que nos ayude a mirar nuestra vida con una mirada más profunda, con los ojos de la fe.
Podemos comenzar diciendo:
Señor, aquí estamos. Ayúdanos a descubrir qué es lo verdaderamente importante, a reconocer tu presencia en nuestra vida y a vivir con mayor plenitud el amor que nos regalas.
2. Una palabra de San Alberto Hurtado
En esta reflexión, san Alberto Hurtado observa los grandes avances de la humanidad, las ciudades, los edificios, los medios de transporte, la tecnología y las comodidades. Reconoce el valor de estos progresos, pero se pregunta si todo eso basta para darle sentido a la vida.
En medio de esa reflexión, se pregunta:
«¿Y es esto todo? ¿Es ésta toda la grandeza del hombre? ¿No hay más que esto?»
Hurtado descubre que el ser humano necesita algo más que bienestar material. Necesita reconocer que su vida tiene un sentido que va más allá de lo inmediato y que está llamado a participar del amor de Dios.
Entonces recuerda las palabras de Jesús:
«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
Y comprende que Jesús no viene por una multitud anónima, sino por cada persona. Por cada uno de nosotros. Dios nos ama de manera personal y nos invita a vivir una vida plena, una vida que crece en la fe, en el amor y en el servicio.
Por eso, hacia el final del texto, San Alberto afirma que Dios quiere hacer de cada uno de nosotros un santo. No alguien extraordinario o alejado de la realidad, sino personas capaces de reflejar el amor de Dios en su propio tiempo y lugar: en la familia, el trabajo, los estudios y la vida cotidiana.
3. Meditamos: ¿Cómo estoy viviendo?
La reflexión de San Alberto nos invita a detenernos y mirar nuestra propia vida. No se trata de despreciar lo que tenemos ni de dejar de valorar nuestros proyectos, logros o responsabilidades. Se trata de preguntarnos si estamos dejando espacio para aquello que realmente le da sentido a nuestra existencia.
Podemos preguntarnos:
- ¿Qué cosas ocupan hoy la mayor parte de mi tiempo, mis preocupaciones y mis esfuerzos? ¿Me ayudan a crecer como persona?
- ¿En qué momentos de mi vida siento que estoy viviendo con mayor profundidad y sentido?
- ¿Me reconozco amado por Dios, de manera personal? ¿Cómo influye ese amor en mi forma de vivir?
- ¿Qué significa para mí vivir una vida abundante, como nos propone Jesús?
4. Compartimos nuestra reflexión
Compartimos libremente alguna de las preguntas anteriores o aquello que más nos haya llamado la atención del texto.
Podemos detenernos especialmente en esta idea de San Alberto: Dios quiere que cada uno de nosotros viva plenamente y refleje su amor en el mundo.
No buscamos respuestas perfectas. Escuchamos con respeto y acogemos lo que cada persona quiera compartir.
5. Un compromiso para esta semana
San Alberto nos recuerda que la santidad no está reservada para unos pocos ni depende de realizar grandes cosas. Se construye en la vida cotidiana, cuando dejamos que el amor de Dios se exprese en nuestra manera de relacionarnos con los demás.
Esta semana, nos proponemos hacer una pausa cada día para preguntarnos:
¿Estoy viviendo de acuerdo con aquello que realmente me importa?
Y elegimos un gesto concreto para vivir con mayor plenitud nuestra fe: dedicar tiempo a alguien que queremos, escuchar con más atención, servir a quien lo necesita, reconciliarnos con alguien o realizar nuestro trabajo con mayor generosidad.
6. Terminamos con una oración
Señor Jesús,
Tú has venido para que tengamos vida y la vivamos en abundancia.
Ayúdanos a no quedarnos solo con lo inmediato, con las preocupaciones o con aquello que creemos necesitar para ser felices.
Enséñanos a reconocer tu amor, a descubrir tu presencia en nuestra vida y a comprender que cada persona es valiosa y amada por ti.
Que nuestra fe transforme nuestra manera de mirar, de relacionarnos y de actuar. Que podamos vivir con generosidad, servir a los demás y reflejar tu amor en cada lugar donde estemos.
Danos, Señor, vivir. Vivir plenamente.
Amén.
Si lo deseas puedes leer el texto completo en qué se inspira la reflexión de esta semana en el siguiente link




